
El gobierno francés publicó una nueva guía nacional destinada a preparar a la población para actuar con calma y organización ante posibles crisis o desastres. El folleto, de 30 páginas, recomienda a cada ciudadano disponer de un mínimo de seis litros de agua por persona, una radio a pilas y otros elementos básicos, subrayando la importancia de mantener la vida cotidiana con la mayor normalidad posible incluso en situaciones extremas.
El documento incluye escenarios concretos como accidentes nucleares, apagones masivos, ciberataques y ataques terroristas. Su publicación coincidió con una advertencia del jefe del Estado Mayor, Fabien Mandon, cuyas declaraciones sobre el riesgo de una guerra generaron una fuerte conmoción política en el país. Durante un encuentro con alcaldes locales, Mandon afirmó que Francia debía prepararse para escenarios de confrontación y apeló a la “fortaleza mental” de la población para resistir momentos de sufrimiento y defender su identidad.
El general sostuvo que Francia dispone de la capacidad económica, militar y demográfica necesaria para disuadir amenazas externas, en particular al régimen de Moscú, pero advirtió que la falta de preparación emocional podría debilitar al país. El llamado a los alcaldes a promover estos temas en cada municipio provocó críticas inmediatas, tanto por la dureza del mensaje como por el hecho de que proviniera de un alto mando militar y no de una decisión política. La respuesta de la oposición fue rápida y transversal. Desde la izquierda, Jean-Luc Mélenchon calificó el discurso como una interferencia inapropiada del ejército en debates que, según él, pertenecen exclusivamente al poder político.
Fabien Roussel, del Partido Comunista, recordó los miles de memoriales de guerra que existen en Francia como prueba del trauma histórico que todavía marca al país. François Ruffin pidió explicaciones formales al Ministerio de Defensa para aclarar si las palabras de Mandon fueron coordinadas con el gobierno.
Desde la derecha también hubo objeciones: el alcalde conservador de Niza, Christian Estrosi, consideró las declaraciones “impactantes”, mientras que Sébastien Chenu, del partido populista RN, aseguró que el jefe de gabinete “no tiene legitimidad” para emitir alertas de tal calibre. El debate quedó instalado en Francia sobre el equilibrio entre preparación civil, responsabilidad institucional y prudencia en el discurso público.