El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aterrizó en Escocia el viernes 25 de julio para una visita de cuatro días que combina negocios personales, golf y encuentros con líderes europeos. Esta es su primera visita al Reino Unido desde que asumió por segunda vez la presidencia, y se espera que se hospede en sus hoteles de golf en Turnberry y Menie Estate, donde inaugurará oficialmente un nuevo campo de 18 hoyos en Aberdeenshire con acceso al mar. 

Según Trump, se reunirá con el primer ministro británico, Keir Starmer, y con la presidenta de la Comisión Europea, Ursula von der Leyen, para discutir un posible acuerdo comercial entre Estados Unidos y la Unión Europea. También se espera que mantenga un encuentro con John Swinney, líder del Partido Nacional Escocés. Von der Leyen y Trump confirmaron que tendrán una reunión el domingo.

Durante su llegada, Trump lanzó advertencias duras a Europa sobre temas de migración e infraestructura energética, criticando que los molinos de viento “destruyen hermosos paisajes” y provocan la muerte de aves. También pidió a los países europeos que endurezcan su política migratoria, argumentando que la situación amenaza con desintegrar Europa. La visita ha generado una fuerte resistencia pública.

En Edimburgo y Turnberry se han registrado protestas con pancartas que repudian su presencia, y se ha planeado un “festival de resistencia” en Aberdeen para expresar el descontento popular. Las operaciones de seguridad se han intensificado: más de 5.000 policías están desplegados y se han establecido zonas de exclusión aérea alrededor de sus propiedades. Aunque el viaje fue oficialmente designado como una “misión de trabajo”.

Trump dedicará mucho tiempo a sus campos de golf y a promover su negocio familiar. Según críticos, el evento costará aproximadamente 10 millones de dólares a los contribuyentes estadounidenses, lo que ha generado cuestionamientos sobre la mezcolanza entre intereses públicos y privados. Trump también declaró estar “al 50 %” seguro de que su administración logrará un acuerdo comercial con la UE antes del 1 de agosto.

En comparación con otros países, la previsión es que se reduzcan los aranceles al 15 % en varios productos, pero persisten desacuerdos en más de 20 temas clave. Mientras tanto, el Reino Unido ya ha cerrado un trato con EE.UU. que incluye tarifas del 10 % para sus exportaciones de autos e instrumentos industriales.

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